Experiencia de Magisterio

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Hace tiempito en vacaciones estaba buscando la manera de liberar espacio en la compu. Buscando entre carpetas que borrar y que quemar en un disco entontré una de 540Kb aprox.
Se llamaba "Magisterio" y allí estaban TODAS las hojas de trabajo, comprobaciones, planes, programas, lista de alumnosy hasta los cuadros que se le entregan a Ministerio a final de año.

Casi lloraba de la nostalgia! Ahh que recuerdos de mi último año de colegio. El año en que ibamos a poner a prueba los conocimientos adquirimos en apenas dos años. Nos daban un grupo de niños que estaban ansiosos por conocer a las "seños" (Y en verdad ansiosos porque les emocionaba saber quién les iba a dar clases UN AÑO ENTERO). Para ser exacta, 15 chavitas de 18 años que para ser practicantes, iban a ser las maestras titulares.

Volviendo al tema, entre tanta carpeta encontré algo que me emocionó y quiero postear aca.

Lo que está escrito a continuación lo escribió la tERE de 18 años y lo da a conocer la de 21.


EXPERIENCIA DE MAGISTERIO EN SEXTO PRIMARIA


Para empezar, estaba bien emocionada por este año, realmente no sabía como era que funcionaba lo del Matazano por lo que por otra parte, me daba mucho miedo. El año pasado me enteré que iba a dar sexto y esa era mi mayor motivación porque a mi no me gustan los grados pequeños (me desesperan y me enojan) siento que es demasiada responsabilidad para mí el ser casi perfecta. También supe que mi compañera iba a ser Gaby pero lo que me desanimó un poco es que ella cuando supo el grado que le iba a tocar se puso a llorar, entonces lo mejor era que la animara porque nos iba a tocar juntas todo el año.

A decir verdad al principio se me hizo bastante difícil porque no tenía computadora y los planes los hacía en la casa de una amiga. El problema fue que sin darme cuenta, mi diskete estaba contaminado con un virus y por desgracia se lo pasé, no sólo se descompuso la tarjeta madre, sino que se borró todo mi trabajo...
Le platiqué a mi maestra acerca de mi problemilla y ella me dio oportunidad de entregarlo más tarde.

Por otro lado, a la hora de arreglar mi clase traté de hacer los dibujos lo mejor que pude (con efectos de sombra y luz, etc.) ¡Lo triste es que a cada rato se caían de la pared!
A la hora de presentarme ante los niños fue atemorizante y un poco penoso, no sólo se me cayó todo el arreglo del corcho de sociales en frente de ellos, sino también yo estaba hecha una maraña de nervios. Como sea, agarré fuerzas y me presenté. Les entregué sus gafetes y platiqué un poco con ellos. No conocía la personalidad de cada uno así que traté de no ser tan severa. Aprendí mi 1º lección: Apretarlos bien al principio y poco a poco irlos soltando. Al día siguiente me porté muy estricta ¡Y si que lo sintieron! Pero ni modo, yo no estaba allí para caerles bien, sino para enseñarles nuevas cosas.

Conforme pasaba el tiempo ya no los confundía tanto y ya no me sentía tan nerviosa. Me di cuenta que no les era indiferente cuando celebramos el Día del Cariño… nunca en mis días de colegio lo había celebrado de “corazón” (de hecho, siempre lo sentí MUY materialista en La Asunción) Aprendí la 2º lección: Es mejor dar algo sencillo y con cariño que buenos chocolates a una persona que para lo único que le hablo es para decirle “¿Estás usando este libro?” Porque la verdad lo que ellos me transmitieron fue realmente cariño.
Y para mi cumpleaños fue más divertido porque no disimularon que “era una sorpresa”. Me sentí halagada.

A veces, a la hora de recreo, las niñas se me acercaban a platicar conmigo y me di cuenta que en sus casas las reprimían mucho en cuanto a la orientación que se debe dar en la pubertad (he aquí los dichosos tabúes), les explicaba las cosas lo mejor que pude y les dije que me buscaran si tenían dudas de cualquier cosa. Mi 3º lección fue: Es mejor hablar sin tapujos a los niños porque, aunque sean pequeños, no significa que su entendimiento sea igual. Además, en este caso, si más se les oculta algo, más curiosidad les da por averiguarlo…


Pude darme cuenta que en años pasados no les desarrollaron el sentido crítico (bueno, no lo suficiente), porque les costaba mucho dar su opinión. Sentían que si yo sabía que algo no les había gustado, yo se los iba a poner malo. O que a fuerza tenían que copiar lo que el libro o la hoja de contenido decían y no escribir lo que habían captado o siquiera resumirlo. Mi objetivo ya no sólo era que aprendieran el contenido, sino que abrieran sus mentes y sus ojos y que defendieran sus opiniones pasara lo que pasara. El resultado no lo sabré de un momento a otro y talvez no todos lleguen a aplicarlo, pero si al menos uno o una lo hagan, entonces habré enseñado algo importante.


Para el día del maestro también hubo sorpresas. ¡Cada grado se organizó de tal manera que ninguna de nosotras lo supo! A la hora de los actos pude sentir lo que sienten las mamás cuando sus hijos hacen algo en público (creo) porque me sentí tan orgullosa de que ellos fueran mis alumnos. Al llegar a la clase me dieron de todo y en ese momento no fui “la seño”, fui otra alumna relajera más de la clase. Creo que a veces es bueno darse un descansito, igual, mis niños también se la pasaron bien. Aquí va la 4º lección: Un/a maestro/a es un/a güiro/a.
Al final, las señoras del comité nos invitaron a una comida y hasta nos llevaron mariachi.

Otra cosa que también hay que mencionar son los benditos paquetes de unidad… al principio no los entendí nada, pero para la segunda unidad ya no se me dificultó, es más, las ideas me brotaron. Lo contrario sucedió para la tercera, cuarta y quinta unidad. ¡Ya no sabía que más hacer! Gracias al don del Espíritu Santo pude ingeniármelas (porque si que hace milagros).
Ahora con los planes semanales el problema con Gaby y conmigo era que las dos éramos un despiste (de mi no es raro, pero ¿ella?) y en dos o tres ocasiones olvidamos los desketes. De nuevo la misericordia de Eva entró en acción.

Mientras deba clases sentía que iba a ser eterno, pero ahora que lo veo bien, no sé si alguna vez los volveré a ver de nuevo o que va ser de sus vidas. El tiempo se pasó tan rápido y no puedo creer que el año escolar se terminó.
Más que mis alumnos y mis alumnas, ellos/as eran “míos” por cuatro horas y aunque no hubo alguno que me recordara a mi totalmente, habían ciertas acciones que tenían que yo me veía reflejada en ellos. Cada uno me enseñó tanto y espero que algún día me recuerden, no importa como. Porque yo no me olvidaré de cada uno.


Como comentario “pedagógico”, en mi opinión, debería haber una verdadera maestra titular en cada grado porque la verdad yo no confiaría, como madre, que la educación de mi hijo/a dependiera de una maestra que recién llegó a la mayoría de edad, y no tiene experiencia. Sé que el colegio confía mucho en nosotras para permitirnos hacer eso pero la verdad no se pueden cometer errores en cuestión de la educación y sé que todas los hemos cometido porque al final SOMOS PRACTICANTES, NO MAESTRAS. Estamos aprendiendo así que cometer errores se vale. Pero el problema, repito, es que es mucha responsabilidad para alguien que recién está empezando.


Le agradezco a DIOS por permitirme haber llegado hasta acá y por conocer a niños tan maravillosos… Pero DEFINITIVAMENTE NO EJERCERÉ (a menos que necesite dinero y como arquitecta no consiga empleo).